La obra realiza un análisis exhaustivo de los procesos mentales y el delirio tras cometer un acto atroz. Dilema moral:

Dostoyevski magistralmente retrata la enfermedad mental y la fiebre delirante de Raskólnikov tras el asesinato. El verdadero castigo no viene de la justicia legal (representada por el investigador Porfirio Petrovich), sino de la conciencia. Raskólnikov se entera de que, aunque mató a la vieja usurera, también mató su propia paz mental y, accidentalmente, a la inocente hermana de la prestamista, Lisaveta.

Dostoyevski nos muestra que la verdadera condena es vivir atrapado en la propia conciencia. El crimen fue racional; el castigo, visceral.